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MARIÁTEGUI Y EL MARXISMO CREADOR

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Por: Dr. Joaquín Santana Castillo.

Profesor Titular/Facultad de Filosofía.

Universidad de La Habana

 

El accidentado siglo XX, considerado por Hobswann como un siglo corto, se caracterizó por el vertiginoso y en no pocas ocasiones encarnizado de cursar de los acontecimientos. El acelerado desarrollo de la ciencia y la técnica, por un lado, acercó al hombre a parámetros insospechados anteriormente en el largo proceso de humanización y control sobre las fuerzas ciegas de la naturaleza, mientras que por otro ha acentuado las dicotomías y disparidades existentes entre las naciones Así, ha llevado al mundo al borde del colapso ecológico, ha promovido de manera creciente la crueldad de la guerra y alcanzado niveles de bestialidad y exterminio masivo desconocidos en siglos anteriores. Signado por diferentes paradigmas ideológicos, conoció del ascenso y crisis de los mismos. Buena parte de los procesos revolucionarios triunfantes de orientación marxista-leninista que en su momento aspiraron en la vieja Europa a la construcción de una sociedad más justa, democrática y equitatitiva, con mayores niveles de socialización de la propiedad y el poder; derivaron hacia una estatalización excesiva de las relaciones sociales asfixiando casi toda iniciativa individual o independiente de los códigos oficiales en nombre de supuestos intereses colectivos representados por la burocracia. El espíritu crítico que animó a Marx a estudiar la sociedad capitalista de su tiempo fue remplazado por la lectura complaciente y apologética del socialismo de estado que mello el filo renovador y revolucionario del marxismo y condujo finalmente a la bancarrota del llamado socialismo real. Si bien la izquierda no ha logrado aun sacudirse del todo la polvareda levantada por la caída del muro de Berlín, su propio desarrollo le impone repensar la teoría y ponerla a tono con el mundo de hoy. Este ejercicio teórico requiere también de la investigación seria y concienzuda del ayer, precisa del recuentro con el marxismo clásico y del estudio de todo el pensamiento social, sobre todo de aquel que desde una postura revolucionaria se mostró original y creativo, a fin de que el análisis contribuyan a la necesaria recomposición de la teoría en esta paradójica era de globalización y modernidad posmoderna. Este proceso de relectura y reevaluación de la teoría y práctica revolucionaria debe incluir como una de sus fuentes más importantes, al pensamiento de José Carlos Mariátegui, uno de los marxistas más lúcidos y originales de la centuria en tanto supo hacer de la teoría revolucionaria no un mero calco o copia sino como él mismo lo llamó una creación heroica. Nacido en tierras americanas, José Carlos Mariátegui supo combinar la ciencia europea con las condicionantes nacionales de su natal Perú para ofrecer una concepción rica, creativa y original sobre las posibilidades y perspectivas de un socialismo indo americano. Su marxismo no negaba la determinación económica pero hacia énfasis en la significativa importancia de la subjetividad humana, en el papel de los factores supra estructurales, de la cultura, la tradición y la historia de la nación y en la forma en que estos elementos eran interiorizados por los diferentes sujetos sociales. No obstante, pudiera objetarse que la lectura y estudio de la obra de Mariátegui tiene muy poco que aportar a la actual coyuntura. Fallecido hace más de 70 años, la realidad que Mariátegui analizó ha cambiado de manera sustancial en el mundo y de manera particular en la América Latina. Esta objeción, valida por si misma, tendría sentido si se intentara hacer una lectura acrítica, dogmatica y parcializada de sus escritos. Sirve además como una advertencia en contra de un procedimiento erróneo experimentado de manera reiterada por el marxismo a lo largo de su historia. Basta sólo recordar las sucesivas canonizaciones que sufrió el pensamiento de Marx en los marcos de la Segunda y más tarde en la Tercera Internacional, o la domesticación del herético pensamiento de Lenin a fin de sincronizarlo mejor con la lectura estalinista de la teoría, para comprender que el aviso sirve de alerta ante un peligro real. El propio pensamiento de Mariátegui fue sometido a un proceso de filtraje ideológico a fin de presentarlo como un convencido marxista leninista estalinista en los años 40. El poco éxito alcanzado por este empeño nos indica, entre otros factores, lo difícil que resulta reducir su pensamiento a un mero esquema y refuerza la idea del necesario reencuentro con el mismo, no para aprenderlo y aplicarlo mecánicamente sino para desentrañar los presupuestos teórico-metodológicos que lo sustentaron y lo convirtieron en una de las manifestaciones más originales y creativas en la historia de las ideas marxistas.( 1 )Desde luego que no es Mariátegui el único pensador que reflexiona creadoramente sobre la teoría de Marx y las posibilidades del socialismo. Formando parte de la lista se encuentran figuras de talla intelectual y profundidad teórica, que tuvieron además la fortuna de una vida más larga y pudieron por lo mismo desarrollar una obra más prolija. Gramsci, con el cual Mariátegui tiene coincidencias teóricas, Luckas, Korsch, Bloch, o el frankfurteano Marcuse, por sólo mencionar algunos, reflexionaron sobre el destino del socialismo después de la revolución bolchevique. Estos y otros teóricos encabezados por los clásicos no pueden dejarse de lado al intentar realizar una reconstrucción de la teoría. Sin embargo considero que en el pensamiento de Mariátegui se presentan una serie de aristas y presupuestos conceptuales y metodológicos que lo hacen uno de los imprescindibles, sobre todo desde las circunstancias latinoamericanas y tercer mundistas, para una reelaboración creativa de las concepciones de la izquierda sobre el socialismo.

 

¿Por qué Mariátegui?

Existe pues un conjunto de razones que justifican la importancia de Mariátegui para estos propósitos. Dentro de ellos pudieran señalarse: Mariátegui vive y produce en un período histórico que tiene ciertas similitudes con la etapa actual. Es cierto que ha triunfado la Revolución bolchevique, pero el movimiento revolucionario en otras naciones europeas, como Italia, Alemania o Hungría ha sido aplastado. La izquierda sufre las consecuencias de estos fracasos y se encuentra en una encrucijada teórica ante la crisis del marxismo de la Segunda Internacional, el proceso de formación del leninismo y el ascenso del fascismo. El nivel de reflexión es muy elevado en tanto se aspira a dar respuesta a las causas del fracaso del movimiento revolucionario en las respectivas naciones, se reacciona contra una lectura del marxismo permeada de economicismo y positivismo y se intenta recuperar el vital elemento de la subjetividad y voluntad del sujeto revolucionario. La mayoría de los pensadores de importancia vivenciaron el período, pero sólo Gramsci y Mariátegui no alcanzaron a ver el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La mirada de Mariátegui sobre la situación europea de la primera posguerra, la crisis de la izquierda y las contradicciones y reelaboraciones conceptuales que experimenta la teoría en función de la revolución y el socialismo se encuentra menos contaminada con las querellas y prejuicios ideológicos precedentes, que si tienen sus contemporáneos del viejo continente. Llegado de un país en donde marxismo y socialismo eran hasta esos momentos casi una noción abstracta, podía evaluar y ver con mayor objetividad los procesos que desgarraban la unidad de la izquierda. No hay en Mariátegui un sentimiento metropolitano o endocolonialista, bastante frecuente, por demás, en sectores de la izquierda ya sean europeos o latinoamericanos, pero que consideran que América Latina debe seguir al pie de la letra los parámetros europeos o las orientaciones emanadas por instituciones revolucionarias de ese continente. Como latinoamericano comprende el significado de la ciencia y la cultura europea para el desarrollo del movimiento revolucionario en América Latina, pero esto no lo conduce a tratar de extrapolar miméticamente lo europeo a lo americano. El mundo latinoamericano es una realidad diferente y presenta otras condicionantes sociales y otro modo o tempo de lo histórico. Estos elementos condicionan, a mi juicio, su recepción del marxismo y la recreación original que hace del mismo. ( 2 )El marxismo de Mariátegui. Mucho antes que José Carlos Mariátegui entrara en contacto con la teoría marxista, ya ésta comenzaba a ser divulgada en tierras americanas por medio de emigrantes europeos o por latinoamericanos regresados de Europa.

(3). Pero el marxismo que se difundía, no rebasaba en la mayoría de los casos, el nivel de la más elemental propaganda y se sustentaba por lo general en una interpretación simplificada o esquemática de las ideas de algunos de los epígonos de Marx. Este marxismo de franca orientación socialdemócrata, se imaginaba que el territorio americano repetiría los mismos pasos de la historia europea. Para él, el territorio latinoamericano se encontraba en una especie de crisis de infancia con especto a Europa y en su devenir histórico repetiría las mismas fases de desarrollo. Este criterio no se superará con la irrupción del bolchevismo en el nuevo mundo pues la mayoría de los marxistas latinoamericanos de esta segunda oleada, regenteada ya en los años 20 por el Komintern sostendrán criterios similares. La excepción la constituirán en pequeño grupo de pensadores como Julio Antonio Mella, Enrique Terán y José Carlos Mariátegui que creen que las condiciones son otras y que las nieves del Kremlin no coinciden completamente con el clima latinoamericano. Para ellos América Latina era una realidad diferente, pero será Mariátegui el que logra confererirle un mayor desarrollo teórico a esta premisa. Es precisamente la comprensión de que América Latina es otra realidad la que le confiere una cualidad especial al Marxismo de Mariátegui. No bastaba la experiencia europea para explicar y transformar la misma. Se hacia necesario un esfuerzo de interpretación que encontraba en el marxismo su principales presupuestos teórico-metodoló gicos, pero que no se limitaba a éste. Al respecto escribe en su Mensaje al Congreso Obrero:"El marxismo del cual todos hablan pero que muy pocos conocen y, sobre todo, comprenden, e un medio fundamentalmente dialéctico. Esto es un método que se apoya íntegramente en la realidad de los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen un cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales. Marx extrajo su método de la entraña misma de la historia. El marxismo en cada país, en cada pueblo, opera y acciona sobre el ambiente, sobre el medio sin descuidar ninguna de sus modalidades. "

 

(4)Esta comprensión del marxismo, como método dialéctico, se enriquecía y completaba producto de su conocimiento histórico, cultura, y sensibilidad, con la consideración del papel de la subjetividad en los procesos sociales y en la revolución socialista. Vale apuntar que Mariátegui no concebía la revolución socialista como un proceso automático gestado por las fuerzas ciegas de la economía capitalista en bancarrota. Al igual que Lenin entendía que en determinado momento del desarrollo capitalista y producto de su crisis se gestaban las condiciones objetivas para su sustitución por el socialismo, sin que ello significase su desplome. Para que se produjera el cambio de sistema era necesaria la voluntad, decisión y acción combativa del sujeto revolucionario. Quizás no exista en toda su obra un fragmento que refleje con mayor claridad esta imbricación entre método y subjetividad que en el editorial Aniversario y Balance. En el mismo se lee:"La palabra Revolución, en esta América de las pequeñas revoluciones, se presta bastante al equivoco. Tenemos que reivindicarla rigurosa e intransigentemente. Tenemos que restituirle su sentido estricto y cabal. La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: antiimperialista, agrarista, nacionalista revolucionaria. El socialismo los supone, los antecede los abarca a todos.... No queremos ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje al socialismo indo americano. He aquí una misión digna de una generación nueva."

(5)Un análisis de los elementos conceptuales novedosos presentes en la lectura creativa del marxismo realizada por Mariátegui excedería con creces el tiempo de que se dispone para esta intervención.

 

MARIÁTEGUI Y LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

No obstante me parece necesario destacar de manera sucinta lo siguiente.

1- Para Mariátegui la revolución socialista no es un acto sino un proceso de cambio radical de las relaciones humanas. Se trata de una transformación n civilizatoria que entraña grandes cambios en las relaciones económicas, sociales y en la mentalidad y cultura de los individuos. Como plantea Aníbal Quijano, Mariátegui preludia o anticipa una nueva racionalidad.

2- Mariátegui participaba de la convicción sobre el carácter mundial de la revolución socialista tan propio del marxismo clásico, pero lo entendía de manera concreta. Vale decir considerando el componente nacional o regional, que introducía el elemento de diferenciación de una realidad a otra.

3- Si América Latina es otra realidad, el canon europeo no basta para comprenderla, es necesario estudiarla apoyándose en el marxismo pero sin negar los aportes de las ciencias y la filosofía burguesa. En este sentido el punto de vista de Mariátegui es el de un marxismo abierto y creador que no rehúye el dialogo y la polémica, pues como especulación filosófica toma la obra del pensamiento capitalista en el punto en que este vacilante ante sus extremas consecuencias inicia un retroceso.

4-Esta realidad diferente es fruto de circunstancias y determinantes históricos que a su vez son influidos por esa realidad. Para Mariátegui, los verdaderos revolucionarios no proceden nunca como si la historia empezara con ellos. Y esta idea es valida también en el sentido de los antecedentes ideológicos que Mariátegui tiene en el Perú y la influencia que estos ejercieron en su manera de aproximarse al marxismo. Muchas de las posiciones teóricas del revolucionario peruano tienen una presencia en las posturas de Manuel González Prada. La predilección por Sorel y el papel del mito pudiera también deberse a las condicionantes históricas de la nación andina y el papel del mito en su historia. Habría que agregar que antes de su viaje a Europa Mariátegui y Falcón desde el diario La Razón apoyaron al movimiento huelguístico más grande realizado en Lima hasta ese entonces, movimiento por demás que resulto exitoso. Esta huella no podía facilitar su acercamiento el anarcosindicalista francés que sostenía la tesis de la huelga política de masas. Pudiera afirmarse entonces que en él, la historia es central para entender al objeto y su desarrollo. Pero el concepto de historia que Mariátegui posee no es euro céntrico y se proyecta contra una percepción mecanicista, evolucionista y lineal de la historia y junto con ésta del progreso. Concepto éste en franca crisis en la actualidad.

5-Como marxista convicto y confeso Mariátegui parte de las clases y las relaciones de clase par entender la relaciones sociales en el Perú de su época. No aplica sin embargo esquemáticamente la contradicción burguesía- proletariado para buscar el sujeto de la revolución socialista. Si la realidad peruana es diferente y en la misma coexisten diversos modos de producción, deben existir varios sujetos revolucionarios. El indio como sujeto de la revolución es una de las ideas más interesantes de Mariátegui. El análisis clasista y de las relaciones de clase no excluya en mi opinión la consideración del elemento étnico. Si Mariátegui se hubiese limitado exclusivamente al análisis clasista no hubiese encontrado o descubierto las posibilidades de ayllu, de la comuna indígena andina para el socialismo.

 

Referencias y Notas.

1- el pensamiento de Mariátegui, como el de cualquier autor es susceptible de manipulación y tergiversación. Quiero apuntar sin embargo que la postura oficial del Parido Comunista Peruano bajo la dirección de Eudocio Ravines fue la de rechazar y condenar las ideas de Mariátegui como no suficientemente marxistas- leninistas estalinistas. A pocos meses de su muerte circulaban en Lima volantes comunistas criticando sus ideas y años más tarde fue tildado de populista por V Miroshevski. El rescate que se inició después de la sustitución de Ravines y la defensa que se realizó de su pensamiento trató inicialmente de presentarlo no sólo como un marxista leninista sino también como un estalinista. Sin embargo la mayor parte de su obra no fue nuevamente publicada pues entraba en franca contradicción con esta percepción. Ciertamente Mariátegui no es un autor susceptible de una fácil de asimilación para una determinada posición dentro de las diversas lecturas e interpretaciones del marxismo debido a la heterogeneidad de sus fuentes y su heterodoxia. Recuerdo que en cierta ocasión le pregunte en La Habana a Manfred Kossok sobre sus impresiones sobre Mariátegui y me confeso que siempre lo sorprendía, que el peruano era como una esponja pues absorbía muchas tendencias. Había comenzado los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, citando a Nietzsche.

2- Por ejemplo en la pagina 162 de su obra El Alma Matinal, Mariátegui declaraba: " Europa me reveló hasta qué punto pertenecía yo a un mundo primitivo y caótico; y al mismo tiempo me impuso, me esclareció el deber de una tarea americana.

3- Poco después del triunfo de la Revolución de Octubre Mariátegui publico en Lima un artículo en que se declaraba bolchevique, pero en esos momentos su conocimiento de la teoría y del socialismo era muy reducido. Pienso que su posición respondía más a una emotiva toma de partido que a un estudio serio y concienzudo de las posiciones de Marx y Lenin.

4- Mariátegui, J. C. "Mensaje al Congreso Obrero" en Ideología y Política. Obras Completas Volumen 13, Editora Amauta, Lima, Perú, 1969, Págs., 111-112.

5-’Aniversario y Balance ’ en Ideología y Política. Editorial citada, Págs., 247-248.

 

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